lunes, 23 de abril de 2012

Día del libro

Hoy es el día internacional del libro. Hoy además una de mis alumnas particulares, la que vino decidida a sus 25 años a presentarse a la selectividad en junio, me ha dejado. Dice que mira la pila de libros que tiene que leerse (ejem... 3) y se agobia, que los libros la deprimen, que estudiar la amarga y que... volverá en septiembre, porque quiere volver a intentarlo. He perdido una de mis fuentes de ingresos, y eso es un revés en mi economía, pero bueno, eso tal vez se subsane dentro de unas semanas o unos meses cuando quizás aparezca un o una alum@ nuevo; a lo que le sigo dando vueltas sin embargo, es al discurso que me ha soltado sobre lo malos que son los libros:
Hace poquito leí en uno de esos horribles demonios de papel (cuya reseña pondré esta semana, por cierto), que entre otras cosas hablaba de la relación que existe entre la presencia de libros en la casa familiar y el éxito en los estudios de los hijos que allí se crían, lo siguiente:
"¿Es posible que la mera presencia física de los libros en casa vuelvan a los niños más inteligenes? ¿Producen los libros algún tipo de osmosis en el cerebro de un niño? si es así, podría tentarnos la idea de limitarnos a descargar un caminón de libros en cada casa donde viva un niño en edad preescolar.
De hecho eso es lo que el gobernador de Ilinois trató de hacer. A principios de 2004, el gobernador Tod Blagojevich anunció un plan para enviar po correo un libro al mes a cada niño de Ilinois desde que naciese hasta que entrase en el jardín de infancia (...) cuando (los libros) te pertencen y son tuyos - declaró -, y simplemente forman parte de tu vida, todo eso contribuye a crear un sentimiento... de que los libros deberían formar parte de tu vida." (Steven Levitt y  Stephen J. Dubner: Freakconómics. P.172. )
El plan nunca se aprobó así que nunca se llegó a probar si los niños de Ilinois con biblioteca propia rindieron más en los estudios y aunque los datos del ECLS comprueban que existe una correlación entre la existencia de libros en casa y las notas de los alumnos, convienen en afirmar, que pese a ello, no existe una causación. Esas conclusiones no me importan demasiado, pero la idea de que los libros deben formar parte de la vida de uno sí que me dice algo: leer un libro es, como decía Descartes: mantener una conversación con los mejores ingenios de los siglos pasados (René Descartes: El discurso del método. Libro I), leer te transporta, te abre horizontes, te hace replantearte quién eres, qué tienes, qué quieres. Hay libros y libros, eso está claro, lo que no está tan claro es que haya proliferado un rechazo sistemático por la lectura entre tanta gente. Hoy en día los lectores parecemos disidentes dentro de un sistema que aboga por limitar nuestra cultura a la pantalla de la tele y del ordenador donde, aunque abunda la información, la lectura es salpicada, distraída e inconexa.
Mi (ex)alumna me decía que prefería ver la tele a leer, de hecho que prefería hacer cualquier cosa antes que leer. Era normal, leer le requería un esfuerzo sobrehumano porque la falta de práctica le había mermado la comprensión lectora y tenía que releer muchas veces hasta entender qué ponía en aquellas líneas. Podemos aprender a leer, pero no por ello sabemos leer. La falta de comprensión lectora es una de las grandes causantes del fracaso escolar (entre otras doscientas más fruto de un sistema al que le importa un comino la educación), y una de sus causas es precisamente la lectura caótica a la que nuestro modo de vida nos tiene acostumbrados. Sin embargo, podemos subsanarla de forma sencilla dedicándole algo de nuestro preciado tiempo. Para preferir la lectura sobre otra actividad, primero tendremos que despertar el interés por la lectura. Ver el libro no como un objeto tosco, aburrido, un obstáculo, un enjambre de palabras enrevesadas que nos obliga a realizar un esfuerzo; sino como una puerta a la increíble experiencia de albergar en nuestro interior una habitación del mundo interior del autor. Trasladar su imaginación a la nuestra, observar los personajes y las situaciones que nacieron en su mente y ahora habitan en la nuestra. Leer mejora la capacidad de abstracción, nos ejercita en la destreza de leer entre líneas, de interpretar las palabras, de conocer conceptos y metáforas... Pero lo más importante, nos da las herramientas para navegar en este mundo de la información que nos arrastra en un flujo interminable de eufemismos, argumentaciones vacías y mentiras descaradas. Vivimos en la primera sociedad en la que la información fluye libremente, incrementándose a cada segundo que pasa; pero la libertad no es tener acceso a ella, sino poder entenderla y trabajarla. La capacidad lectora es la herramienta fundamental para sobrevivir en nuestro mundo; leer es un entrenamiento necesario. Quizás ahí radica el descrédito hacia la afición lectora, postergable y sustitíble por cualquier otra actividad.
El día del libro pretende promover el sentimiento lector, hoy desearía que  no necesitara esa campaña publicitaria.


Por cierto, si conoceis a alguien que esté buscando profesora particular (económica, educada, amante de los libros y que lo mismo da matemáticas, filosofía, inglés o historia del arte), yo estoy disponible y en el paro :)

19 comentarios:

  1. Que grande que eres partner!!! :)

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  2. Muy buena reflexión, Silvia. ¿Qué hacer para que la gente lea? La primera labor es de los padres, yo creo que si tenemos padres lectores, los niños se animan también a leer algún libro. Pero bueno, también hay que descubrir qué le interesa a cada uno. Hay libros para todos los gustos, complicados y gordotes, complicados y finicos, simples, pero divertidos, con humor, de terror, de fantasía... Un libro puede llenarte o no dependiendo de la etapa vital en la que te encuentres y la gente tiene que saber buscar esas cosas. Por ejemplo, yo a veces acabo muy saturada de leer cosas tan largas y complicadas, y me apetecen lecturas de tipo juvenil, pero aunque sea ¡¡leo algo!! Esa gente que odia leer... bueno, ¿por qué no empiezan por preguntar en las librerías sobre algún libro que pueda interesarles? Y así poco a poco se acostumbran...

    Luego está el tema de que a edades más tempranas nos hemos acostumbrado a la lectura por internet que no es lineal. De ahí que haya gente incapaz de concentrarse en hacer una sola cosa que simplemente consista en leer un solo libro. Leemos muchas cosas a la vez navegando y eso merma nuestra atención y nos cansamos enseguida cuando tenemos que leer sólo una.

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  3. Exacto, coeliquore: la oferta de libros es amplísima, solo hay que dar con aquel que te dice algo a tí. Creo que los padres invertirían más tiempo y esfuerzo en animar a sus hijos hacia la lectura si advirtieran hasta qué punto ello ayuda a su concentración (tan necesaria para tantos aspectos de la vida, no solo el académico). Tenemos mucha tarea por delante!!!

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    1. Ostras, me he colado, quería decir Isa, sorry!!!

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  4. Bueno, Silvia, de verdad que he intentado leerlo, pero es muy largo. Me voy a ver la tele.

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  5. Aquí Coeliquore: mi experiencia es distinta, Silvia. Cada vez son más los adultos que vuelven a los libros, o que se adentran por primera vez en ellos. El mundo laboral los rechaza y vuelven a estudiar, algunos con pasión.
    Con los niños sí estoy de acuerdo. Somos nosotros los que tenemos que ayudarles a descubrir ese universo tan amplio y bello que encierran.
    No sé qué seria de la vida sin libros. No puedo ni siquiera imaginármela.
    Pd: te mandé un email relativo al post anterior. ¿Lo has recibido?

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    1. Hola coeliquore! Es cierto que mucho adultos vuelven, eso es genial. Y aunque sean pocos muchos niños son grandes lectores ¡algo es algo!, está claro que las bombas hacen más ruido que las caricias y que, siguiendo el símil, el crujir de las páginas es más silencioso que los berridos de los programas de la tele. Pero me gustaría que no fueran tan rara avis como a veces parecen :(...
      No he recibido ningún email, a qué dirección lo mandaste? por favor, vuelve a mandarmelo a Silviablog.123@gmail.com

      P.D: Yo tampoco me imagino una vida sin libros. Mi padre me suele decir que mi cuarto no es un dormitorio con libros sino una biblioteca con cama :P

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  6. Ahora más en serio. Leí en una ocasión que la media de palabras a partir de las cuales se deja de prestar atención es nueve. Nueve. No noventa o novecientas: nueve. Creo que hay una relación entre la incapacidad de leer y la tolerancia. El que lee está dispuesto a partir de unas premisas, tiene paciencia para disfrutar de unos argumentos o descripciones y quiere interiorizar una lógica o narración que le llevará a un final. Está dispuesto a esperar, a escuchar, a considerar las posibilidades infinitas que se le abren con las páginas que tiene delante. El que leer quiere saber más, ser más. Los otros prefieren los productos precocinados, la consigna y el puñetazo, la banalidad y la entrepierna. Y yo, Silvia, tampoco sé si puedo ofrecerles muchos argumentos: a mí me gusta leer, disfruto cuando un libro me promete felicidad por descubrir. Ahora me espera en la mesita de noche "El hombre del balcón", de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, creadores y padres de la novela negra escandinava. Me despedí el sábado de la maravillosa Hiromi Kawakami y su "Algo que brilla como el sol". Es dífícil explicar a los que no leen. Bueno, tampoco yo entiendo el secreto mediático de Belén Esteba. Y pienso, como Groucho Marx, que lo mejor es que la tele sea mala: se coge un libro y se va uno a leer a la habitación de al lado.

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    1. Me dejas de piedra con lo de las 9 palabras. Yo creo que la atención se practica, como tantas otras cosas.
      Me gusta lo que señalas acerca de la toleracia y la incapacidad de leer. En el fondo creo que lo que comentas y mi reflexión de esta mañana apuntan en una clara dirección: nuestra sociedad está apresurada, prefiere no gastar tiempo en labores que lo precisan cuando su objetivo es ahondar en la conciencia y no aumentar la cartera. El libro es lento, es placer de degustación, no una fast food, igual por eso los lectores han de esforzarse por serlo; pero engancha, y una vez lo pruebas y lo disfrutas, ya no puedes dejarlo.
      Me apunto todos los títulos que señalas no conozco ninguno.

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    2. Soy un ávido lector de novela negra. Toda me gusta. Pero hace unos años descubrí el filón escandinavo con Mankell. Tras él llegó Stieg Larsson, Asa Larsson (no son familia), Camilla Läckberg y la menos conocida Liza Marklund. Hace poco he sabido de Jo Nesbo (noruego éste) y que los "padres" son los que cito arriba, matrimonio ellos que escribían a cuatro manos. Los japoneses también son un descubrimiento reciente: y no terminan en Murakami y en Kenzaburo Oé. Creo que esta mujer (H. Kawakami) te gustará.

      Lo de las nueve palabras se lo he leído y oído a José Antonio Marina.

      Y de lo demás... bueno, creo que hay fast books (Dan Brown, por ejemplo) y libros dañinos ("Mein Kampf", sin pensar demasiado). Tampoco hay que sacralizar nada.

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    3. Yo me leí los que tuvieron tanto éxito de Stieg Larsson y aunque el primer volumen (los hombres que no amaban a las mujeres) me gustó bastante, debo confesar que para mí entraron en decadencia página a página y al final abandoné.
      Yo estoy descubriendo la literatura japonesa y debo confesar que me encanta, una pasada, y eso que vamos a través de traducciones! cómo serán los originales!

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  7. La cultura, y la cultura que se decanta de la lectura, no la información ni el entretenimiento -que están muy bien, desde luego, y a mí me encantan- es una actividad silenciosa, meditativa, esforzada y elitista.

    Y no creo que pueda ni deba ser de otro modo. Pretender que el vulgo lea -más allá de la narrativa de consumo- es una ingenuidad, más aún, un empeño peligroso. El pueblo comprende poco lo grande -dice Nietzsche-, pero tiene magníficos sentidos para los comediantes.

    Pan y Circo. Qué corderitos tan ricos.

    PD. Silvi, hija, vaya unos tochacos que escribes. Ten piedad.

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    1. Supongo que sí, al fin y al cabo debe haber una parte genética, kármika o meteorológica en el cariño por la lectura.
      Lo siento por los tochos, ayer por la mañana llegué catastrofista y bastante quemada por las circunstancias y me tiré al teclado (en el sentido menos sexual). Vomitera verborreica! entono el mea culpa: Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir ¡¡Silvia queen!!

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  8. Me ha gustado descubrirte y leer tu reflexión. es cierto que la gente abandona la lectura frente a otras actividades. Por eso, aunque me gustan los clásicos, muchas veces hago referencia a esa lectura juvenil cuyo gran mérito es reconciliar a la gente joven con los libros más allá de los obligados por la escuela. Lo mismo pasa con los adultos, hay títulos que enganchan a sectores, y sólo eso, ya es un gran mérito.
    Me quedo por aquí, espero que tengas suerte y dejes pronto las filas del paro.
    Un abraz y un placer conocerte.

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    1. Hola mientrastelo, es un placer tenerte aquí y gracias por tus buenos deseos :).
      Si, la lectura juvenil hace una gran labor en este sentido. La de Jordi Serra i Fabra, por ejemplo, es un delicia y muy efectiva para que la gente joven se enganche al vicio lector.
      Esperemos que haya una nueva edad de oro de las letras, no por un despunte económico de la industria editorial (comprarse ya se compran muchos libros), sino por un resurgir del verdadero interés por la lectura :).

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  9. Hola, ya te dije que cuando tuviera tiempo seguiría cotilleando un poco por aquí.
    Y sí, actualmente la mayoría de jóvenes no leen,odian leer y realmente no saben leer. Aunque los profesores también deben (debemos) hacer autocrítica, ya que es muy difícil que los jóvenes adquieran el placer lector cuando se les obliga a leer una obra en concreto (que es muy probable que no sea de su gusto). Por ello, de entrada, los profesores deberían facilitar listas amplias en la etapa secundaria para que los alumnos puedan elegir en función de sus gustos lectores o ir descubriendo qué prefieren leer. Al igual que (por muy filóloga que sea) me parece una barbaridad obligar a leer El Quijote completo en Secundaria o Bachillerato, ya que lo más probable (y es lo que pasa actualmente) es que lo acaben odiando y que, por consiguiente, acaben odiando leer. Creo que mucha gente que no lee recuerda ese libro que le obligaron leer y se dijo a sí misma "nunca mais".
    No sé si has leído "Como una novela" de Daniel Pennac, que está en la línea de lo que comentas sobre la afición lectora; y cómo muchas veces somos los adultos los que matamos el placer lector del niño.

    PD. he empezado a leer la trilogía de Los Caminantes al leer por encima tu reseña. Ya he acabado el primero. Cuando los acabe te comentaré.

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  10. Hola de nuevo!
    Estoy totalmente de acuerdo contigo. Muchas veces la reacción adversa está más que justificada (yo aún recuerdo 'la Busca' de Pío Baroja y algún otro lastre literario que me toco arrastrar en secundaria). Las listas amplias de bibliografía para el curso son la mejor solución (aunque multiplica proporcionalmente la tarea del profesor que es quien tiene (somos quienes tenemos), que leerse todas las propuestas. Precisamente es la tarea extra, imagino, la que unos hacen (o hacemos) con gusto y para otros es un tostón del que te puedes librar poniendo cuatro noveluchas que cubren objetivos o cuatro clásicos que no llegan a los lectores que se inician.
    El año pasado, cuando preparaba el examen del Superior de Valencià me entretuve con una lectura que era 'trending topic' como lectura obligatoria en valenciano en los institutos. Se titulaba 'El dia que Wendy va apendre a volar'. Era infumable. Un argumento ridículo y una prosa lamentable. Al final los chavales están justificados a odiar la lectura. Tenemos trabajo por delante para cambiar eso.
    No conozco el libro de Pennac, pero me lo apunto y lo leeré en cuanto pueda, me interesa. Gracias por la recomendación.
    Espero que te esté gustando la trilogía de Sisí, espero tus comentarios :). Por cierto, casi todos los libros que comento los tengo en versión electrónica así que si alguna vez quieres alguno, dímelo y te lo paso (lo cual es extensible a quien quiera ;)).
    Besos!

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