Hoy es el día internacional del libro. Hoy además una de mis alumnas particulares, la que vino decidida a sus 25 años a presentarse a la selectividad en junio, me ha dejado. Dice que mira la pila de libros que tiene que leerse (ejem... 3) y se agobia, que los libros la deprimen, que estudiar la amarga y que... volverá en septiembre, porque quiere volver a intentarlo. He perdido una de mis fuentes de ingresos, y eso es un revés en mi economía, pero bueno, eso tal vez se subsane dentro de unas semanas o unos meses cuando quizás aparezca un o una alum@ nuevo; a lo que le sigo dando vueltas sin embargo, es al discurso que me ha soltado sobre lo malos que son los libros:
Hace poquito leí en uno de esos horribles demonios de papel (cuya reseña pondré esta semana, por cierto), que entre otras cosas hablaba de la relación que existe entre la presencia de libros en la casa familiar y el éxito en los estudios de los hijos que allí se crían, lo siguiente:
"¿Es posible que la mera presencia física de los libros en casa vuelvan a los niños más inteligenes? ¿Producen los libros algún tipo de osmosis en el cerebro de un niño? si es así, podría tentarnos la idea de limitarnos a descargar un caminón de libros en cada casa donde viva un niño en edad preescolar.
De hecho eso es lo que el gobernador de Ilinois trató de hacer. A principios de 2004, el gobernador Tod Blagojevich anunció un plan para enviar po correo un libro al mes a cada niño de Ilinois desde que naciese hasta que entrase en el jardín de infancia (...) cuando (los libros) te pertencen y son tuyos - declaró -, y simplemente forman parte de tu vida, todo eso contribuye a crear un sentimiento... de que los libros deberían formar parte de tu vida." (Steven Levitt y Stephen J. Dubner: Freakconómics. P.172. )
El plan nunca se aprobó así que nunca se llegó a probar si los niños de Ilinois con biblioteca propia rindieron más en los estudios y aunque los datos del ECLS comprueban que existe una correlación entre la existencia de libros en casa y las notas de los alumnos, convienen en afirmar, que pese a ello, no existe una causación. Esas conclusiones no me importan demasiado, pero la idea de que los libros deben formar parte de la vida de uno sí que me dice algo: leer un libro es, como decía Descartes: mantener una conversación con los mejores ingenios de los siglos pasados (René Descartes: El discurso del método. Libro I), leer te transporta, te abre horizontes, te hace replantearte quién eres, qué tienes, qué quieres. Hay libros y libros, eso está claro, lo que no está tan claro es que haya proliferado un rechazo sistemático por la lectura entre tanta gente. Hoy en día los lectores parecemos disidentes dentro de un sistema que aboga por limitar nuestra cultura a la pantalla de la tele y del ordenador donde, aunque abunda la información, la lectura es salpicada, distraída e inconexa.
Mi (ex)alumna me decía que prefería ver la tele a leer, de hecho que prefería hacer cualquier cosa antes que leer. Era normal, leer le requería un esfuerzo sobrehumano porque la falta de práctica le había mermado la comprensión lectora y tenía que releer muchas veces hasta entender qué ponía en aquellas líneas. Podemos aprender a leer, pero no por ello sabemos leer. La falta de comprensión lectora es una de las grandes causantes del fracaso escolar (entre otras doscientas más fruto de un sistema al que le importa un comino la educación), y una de sus causas es precisamente la lectura caótica a la que nuestro modo de vida nos tiene acostumbrados. Sin embargo, podemos subsanarla de forma sencilla dedicándole algo de nuestro preciado tiempo. Para preferir la lectura sobre otra actividad, primero tendremos que despertar el interés por la lectura. Ver el libro no como un objeto tosco, aburrido, un obstáculo, un enjambre de palabras enrevesadas que nos obliga a realizar un esfuerzo; sino como una puerta a la increíble experiencia de albergar en nuestro interior una habitación del mundo interior del autor. Trasladar su imaginación a la nuestra, observar los personajes y las situaciones que nacieron en su mente y ahora habitan en la nuestra. Leer mejora la capacidad de abstracción, nos ejercita en la destreza de leer entre líneas, de interpretar las palabras, de conocer conceptos y metáforas... Pero lo más importante, nos da las herramientas para navegar en este mundo de la información que nos arrastra en un flujo interminable de eufemismos, argumentaciones vacías y mentiras descaradas. Vivimos en la primera sociedad en la que la información fluye libremente, incrementándose a cada segundo que pasa; pero la libertad no es tener acceso a ella, sino poder entenderla y trabajarla. La capacidad lectora es la herramienta fundamental para sobrevivir en nuestro mundo; leer es un entrenamiento necesario. Quizás ahí radica el descrédito hacia la afición lectora, postergable y sustitíble por cualquier otra actividad.
El día del libro pretende promover el sentimiento lector, hoy desearía que no necesitara esa campaña publicitaria.
Por cierto, si conoceis a alguien que esté buscando profesora particular (económica, educada, amante de los libros y que lo mismo da matemáticas, filosofía, inglés o historia del arte), yo estoy disponible y en el paro :)